jueves, 17 septiembre, 2026
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Tash Aw, escritor de Malasia: «La verdadera herencia no son los objetos, sino los miedos y traumas»

El escritor malasio Tash Aw, finalista del premio Booker, presenta su novela ‘El sur’, en la que aborda el desarraigo y los legados familiares invisibles. En entrevista con EFE, afirma que «la verdadera herencia no son los objetos, lo material, sino los miedos, los traumas y las inseguridades».

El escritor malasio Tash Aw, finalista del premio Booker, habla del desarraigo y los legados familiares invisibles en su última novela, ‘El sur’, una obra que le ha llevado a darse cuenta de que «la verdadera herencia no son los objetos, lo material, sino los miedos, los traumas y las inseguridades».

En una entrevista con EFE, reflexionó sobre que «aunque se nos dice que la familia es amor y es seguridad, también es un sistema de valores y un conjunto de vivencias que nos pueden empujar a la falta de autoestima, la represión y la sumisión».

«El sur» es la última novela de Tash Aw, que nació en Taiwan en 1971 pero creció en Malasia, el país natal de sus padres y que – afirma – tiene «mucho» de su propia historia.

Contextualizada a finales de la década de 1990, la familia de Jay, un joven malasio de dieciséis años, viaja al sur del país. Su madre, Sui Ching, heredó una finca en decadencia, administrada por Fong y su hijo Chuan, con el que el protagonista descubre el amor y la sexualidad, pero también las diferencias de clase y el peso de la «herencia invisible» de cada uno.

Una «ficción» autobiográfica

«Aunque el libro habla de mi experiencia, he preferido escribirlo como si fuera otra persona. La ficción permite, creo, transmitir la vida real con mucha fuerza. La ficción tiene mucha energía mientras que en la realidad pesa mucho la tristeza y también el instinto de autocensurar cosas», apuntó.

Aw, que recuerda que sus padres eran muy pobres -su padre empezó a trabajar con seis años y no tuvo zapatos, explica, hasta los diez- y que él nunca había siquiera soñado con ser algún día escritor cuando era un niño en Malasia porque «ni sabía que eso era una posibilidad».

Ganador de una beca que le permitió estudiar Derecho en el Reino Unido, reconoce que tenía «muy pocas posibilidades» por su origen y posición social de ser escritor.

Afirma que cuando rememora su infancia y su adolescencia, piensa en conflictos de raza, sexualidad, nacionalidad o pertenencia que «aún» está «procesando» como adulto.

Sus abuelos y padres sufrieron no solo los efectos de la II Guerra Mundial, sino también los de otras guerras civiles del sudeste asiático. «Eso significa mucha pobreza, dejar China para viajar a Malasia y experimentar mucho dolor y sacrificio», afirma.

«Esas generaciones es inevitable que traspasaran los miedos y los traumas, muchas veces sin necesidad de comunicarlos. De hecho, lo habitual era silenciarlo. Después, me he ido enterando de todos los familiares que en realidad no se habían muerto por estar enfermos, sino por suicidio.

Liberarse del legado

Esa herencia invisible del trauma, del sacrificio, de la violencia, es, para Aw, «muy difícil de dejar atrás».

Con todo, a partir de la adolescencia, ha dicho, las personas tienen la posibilidad de «intentar liberarse» de esa herencia no buscada, un impulso de huida que está muy presente en la historia de los personajes.

El escritor, cuya obra se ha traducido a más de veintitrés idiomas, consiguió el premio Premio Whitbread a la mejor novela revelación con su libro debut, ‘La fábrica de sedas’ (2005), preseleccionada para el Premio Man Booker. Después publicó ‘Map of the invisible world’ (2009), que le valió que la revista Time le apodara «El Chéjov malasio».

En la última década, también publicó ‘Five Star Billionaire’ y ‘We, the Survivors’ (editado también en castellano por Anagrama bajo el título de ‘Supervivientes’).

Convertido ya en un consolidado escritor que vive de su obra literaria y que viaja por todo el mundo, llamó la atención sobre la ironía de que para conseguir tener la vida burguesa que sus padres soñaron para él tuvo que residir a miles de kilómetros y habitar un espacio emocional y físico que le distancia de su familia.

Lara Malvesí de EFE

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