lunes, 31 agosto, 2026
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La historia real de “Barreda”: qué es verdad y qué es ficción en la nueva película de Prime Video

La película “Barreda”, dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín, llegó a Prime Video el viernes 28 de agosto y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por Ricardo Barreda en La Plata el 15 de noviembre de 1992.

La película “Barreda”, dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín, llegó a Prime Video el viernes 28 de agosto y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por Ricardo Barreda en La Plata el 15 de noviembre de 1992. La producción toma como eje el crimen de su esposa Gladys McDonald, sus hijas Cecilia y Adriana y su suegra Elena Arreche, además de abordar el juicio y distintos aspectos de la vida familiar del odontólogo.

El caso ocurrió en una vivienda de la calle 48 entre 11 y 12, en el centro de La Plata. Después de matar a las cuatro mujeres con una escopeta Víctor Sarasqueta calibre 16, Barreda intentó instalar la versión de que había ocurrido un robo, pero las inconsistencias de esa coartada llevaron a que confesara los asesinatos. La película retoma esa secuencia y también reconstruye algunos de los episodios posteriores al crimen.

El elenco está encabezado por Luis Machín como Ricardo Barreda, Carla Peterson como Gladys McDonald y Mercedes Morán como Elena Arreche. Maite Lanata interpreta a Cecilia Barreda, Margarita Páez a Adriana Barreda y Paola Barrientos a María de las Mercedes Guastavino, conocida como Pirucha, mientras que Marcelo Subiotto interpreta al doctor Cáceres y Alberto Ajaka al fiscal Roitman.

La otra historia de ‘Conchita’, el apodo que Barreda presentó como una humillación

Qué muestra “Barreda” y qué elementos tienen respaldo en la historia real

Uno de los puntos de la película que sí coincide con los antecedentes del caso es el origen de la escopeta. Elena Arreche le había regalado a Barreda una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma española que él utilizaba para cazar. Durante la investigación y el juicio, el propio odontólogo sostuvo que había recibido la escopeta de su suegra. Después del crimen, declaró que la había arrojado en la zona de Punta Lara, en Ensenada, y esa circunstancia también forma parte de la reconstrucción cinematográfica.

La presencia de Pirucha tampoco fue creada para la ficción. María de las Mercedes Guastavino era una vidente vinculada a Barreda y declaró durante el juicio de 1995. Sus referencias a la magia negra quedaron incorporadas al relato del caso, aunque no se comprobó que hubiera instigado los asesinatos. La película recupera la influencia que, según diferentes reconstrucciones periodísticas, tuvo sobre las ideas que Barreda había desarrollado acerca de las mujeres de su familia.

También coincide con los antecedentes conocidos la escena posterior al crimen en la que Barreda busca a Pirucha. Según el relato del psiquiatra forense Miguel Maldonado, quien lo entrevistó poco después de los asesinatos, el odontólogo le habría dicho a la vidente: “Me mandé una macana”. La relación entre ambos llegó incluso a ser considerada durante el proceso judicial al momento de analizar el estado mental de Barreda.

La película dedica un espacio importante a Cecilia y Adriana y reconstruye sus vínculos familiares, sus proyectos personales y sus relaciones afectivas. En ese punto, la información disponible es mucho más limitada. El novio de Cecilia declaró como testigo durante las audiencias y amigas de las jóvenes hablaron con el periodista Enrique Russo en 1992.

Una de ellas describió el comportamiento de Barreda con una frase que quedó registrada en las reconstrucciones del caso: “No queríamos ir a su casa porque era mano larga”. Los proyectos específicos que aparecen en la película, como el consultorio que Cecilia planeaba instalar o el casamiento de Adriana, combinan información disponible con recursos propios de la ficción.

La intención de Gladys de separarse y vender la casa presenta otra diferencia entre el relato cinematográfico y los antecedentes documentados. La película muestra que Gladys quería terminar la relación y que Elena impulsaba la venta de la propiedad, pero no existen registros que permitan confirmar que ambas estuvieran organizando esa operación antes de los asesinatos. Sí existen reconstrucciones que señalan que Gladys y Barreda habían atravesado una separación previa, aunque continuaban legalmente casados, y que después volvieron a convivir en la misma vivienda.

El apodo “Conchita” es uno de los elementos más discutidos. Barreda afirmó durante el proceso que las mujeres de su familia lo utilizaban para humillarlo y presentó ese supuesto trato como parte de las “humillaciones constantes” que, según su versión, habían precedido al crimen. Sin embargo, no existe una prueba definitiva que confirme que Gladys, Cecilia y Adriana efectivamente lo llamaran de esa manera.

Una película que viene a cortar con un imaginario bestial

La película plantea además que Barreda pudo haber creado el apodo como parte de la estrategia para construir una justificación de los asesinatos. Esa interpretación fue investigada por el periodista Rodolfo Palacios en su libro Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, publicado originalmente como una reconstrucción periodística del caso. La hipótesis de que el odontólogo inventó el apodo para presentar a las víctimas como responsables de las supuestas humillaciones fue planteada en investigaciones posteriores, pero no puede presentarse como un hecho probado.

Cómo fue el juicio de Ricardo Barreda y la discusión sobre su estado mental

Después de confesar, Barreda sostuvo que los asesinatos habían sido consecuencia de un proceso prolongado de supuestas humillaciones. En una segunda declaración indagatoria realizada en mayo de 1993, afirmó que había comenzado a pensar en matar a su familia después de una operación de vesícula y relató cómo había comprado una caja de cartuchos para la escopeta que mantenía en su casa. En esa declaración sostuvo: “Desde hace dos años se me había puesto en la cabeza que era un problema entre ellas y yo”. También afirmó que la idea se había convertido para él en una forma de “hacer justicia”.

Durante el juicio oral, Barreda reconstruyó con detalle la mañana del 15 de noviembre de 1992 y explicó cómo había tomado la escopeta que estaba en el sector ubicado debajo de la escalera. En su relato describió la conversación con Gladys antes del ataque y vinculó nuevamente el supuesto apodo “Conchita” con el enojo que, según su versión, precedió a los disparos. Su declaración fue uno de los elementos centrales para reconstruir la secuencia del crimen.

El debate judicial también estuvo atravesado por una discusión sobre su capacidad para comprender la criminalidad de sus actos. Los peritos psiquiatras y psicólogos presentaron evaluaciones diferentes sobre su estado mental y sobre si correspondía considerarlo imputable o inimputable. El fiscal Héctor Vogliolo sostuvo que no existía una alteración que le hubiera impedido comprender sus acciones y planteó que Barreda había elegido un momento en el que las cuatro víctimas estaban juntas en la casa.

“No hay en el acusado alteración morbosa de las facultades mentales que le haya impedido comprender la criminalidad de sus acciones”, sostuvo Vogliolo durante su alegato. El fiscal pidió que el odontólogo fuera condenado a prisión perpetua y consideró que había actuado con un grado de planificación incompatible con la hipótesis de una pérdida absoluta de comprensión.

El 14 de agosto de 1995, los jueces Eduardo Hortel, María Cecilia Rosenstock y Pedro Luis Soria condenaron a Barreda a prisión perpetua por los homicidios agravados por el vínculo de Gladys McDonald, Elena Arreche, Cecilia y Adriana. El fallo no fue unánime. Rosenstock consideró que el acusado era inimputable y sostuvo que actuaba bajo una psicosis delirante sistematizada y crónica, en la forma de un delirio de reivindicación.

El psiquiatra forense Miguel Maldonado, que entrevistó a Barreda 48 horas después del crimen, sostuvo años después que el odontólogo no había mostrado un arrepentimiento genuino. “Barreda nunca se arrepintió de matar a las mujeres de su familia. Pensaba que había hecho justicia”, afirmó. Maldonado describió el cuadro como un “delirio psicótico de reivindicación” y explicó que, en su opinión, Barreda necesitaba ser internado en un hospital psiquiátrico de alta seguridad.

La condena determinó el ingreso de Barreda a prisión. Durante los años de encierro estudió Derecho y mantuvo vínculos con otras personas, entre ellos su posterior pareja Berta “Pochi” André, a quien conoció mientras estaba preso. En 2008 obtuvo la libertad condicional y pasó a vivir con ella en un departamento del barrio porteño de Belgrano. Luego violó el arresto domiciliario, regresó a prisión y volvió a obtener el beneficio en 2011. En 2016 se consideró extinguida la pena.

Berta murió en 2015 después de un marcado deterioro neurológico y, según reconstrucciones periodísticas, había sufrido maltratos por parte de Barreda. En 2016, ya en libertad, el odontólogo ingresó a un hospital de General Pacheco con una identidad falsa y un estado de salud deteriorado. Permaneció allí alrededor de un año y medio, pasó luego por una pensión y terminó en otra institución de salud de San Martín. En sus últimos años sufrió demencia avanzada, desnutrición y dificultades para alimentarse.

Barreda murió el 25 de mayo de 2020, a los 84 años, en el geriátrico Del Rosario de José C. Paz, durante el aislamiento por la pandemia de coronavirus. Murió prácticamente sin vínculos cercanos y ninguna persona asistió a su entierro. Tampoco se cumplió su última voluntad de que sus cenizas fueran esparcidas en la cancha de Estudiantes de La Plata, debido a que el club rechazó ese pedido.

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