La pedagoga Carina Kaplan visitó Santa Fe para participar de una mesa de diálogo sobre la futura ley de educación provincial. En su último libro, “Educar en la empatía”, aborda la relación entre las emociones y el aprendizaje.
La pedagoga Carina Kaplan estuvo esta semana en la ciudad de Santa Fe, invitada por el Cemupro y la diputada Gisel Mahmud, en el marco de una mesa de diálogo sobre la futura ley de educación provincial. Durante su visita, presentó su último libro, “Educar en la empatía” (Paidós), y dialogó sobre el rol de la escuela en contextos de sufrimiento social.
Kaplan es doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires, profesora de Sociología de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata e investigadora del Conicet. Fue distinguida con el diploma al mérito de los Premios Konex 2026 en Educación, reconocimiento que recibirá en septiembre. Al respecto, sostuvo que representa “un honor” y una oportunidad para reivindicar el valor de la escuela, la ciencia y la investigación “en un contexto de desfinanciamiento y desacreditación”.
En su libro, Kaplan plantea que la escuela puede transformarse en un “refugio simbólico” para infancias y juventudes que atraviesan situaciones de dolor social. En ese marco, introdujo el concepto de “justicia afectiva”, que definió como “la concreción o la materialización del derecho de los niños, de las niñas, de los jóvenes a ser amados, protegidos y cuidados”.
La investigadora señaló que la soledad es una de las emociones más asociadas al sufrimiento en la niñez y la juventud. “Estamos estudiando cómo es que los niños están tanto tiempo en soledad conectados con las máquinas, y tan poco tiempo conectados con el lazo humano”, afirmó. En ese sentido, consideró que la escuela es “una de las pocas instituciones que permite el encuentro con el otro”.
Kaplan también se refirió a la relación entre lo afectivo y lo cognitivo. “Un niño que está bajo formas de sufrimiento social no puede aprender matemática, pero no porque tenga una dificultad en las tareas ni en la apropiación de ese conocimiento, sino porque hay algo ahí que le genera malestar”, explicó. Y agregó: “No se puede separar lo afectivo del aprendizaje cognitivo; somos seres integrales”.
En cuanto a la cultura digital, la pedagoga sostuvo que no existe una separación entre la escuela y el mundo digital: “Los jóvenes lo viven como un solo mundo, unificado, donde construyen sensibilidad y forman su subjetividad”. Advirtió que las plataformas digitales transmiten “odio y desigualdad”, y que es necesario “sensibilizar a la comunidad escolar para interrumpir las violencias del cotidiano”.
Sobre el rol docente, Kaplan afirmó que la función afectiva “no es una función que se adicione al oficio de enseñar, es inherente al mismo”. En ese sentido, indicó que los docentes necesitan formación y acompañamiento. “Es central que el docente se sienta acompañado y cuidado en su tarea de educar en tiempos tan complejos”, sostuvo.
