La fiscal Valeria Piazza Iglesias, de la Unidad de Siniestralidad Vial y Delitos Culposos del MPA, investiga las causas del fallecimiento del joven de 18 años ocurrido el 29 de julio de 2025 en el Hospital Italiano de Rosario tras una cirugía programada por una fractura de clavícula.
La Justicia de Rosario investiga las circunstancias que rodearon la muerte de Jerónimo Fernández Bobbio, un joven santafesino de 18 años, jugador de rugby del club CRAI y estudiante de abogacía, quien falleció el 29 de julio de 2025 en el Hospital Italiano de la ciudad tras someterse a una intervención quirúrgica programada.
El joven ingresó al quirófano por una fractura de clavícula y durante la cirugía sufrió una lesión interna que resultó fatal. La causa está a cargo de la fiscal Valeria Piazza Iglesias, de la Unidad de Siniestralidad Vial y Delitos Culposos del Ministerio Público de la Acusación (MPA), bajo la carátula de averiguación de causa de fallecimiento.
La investigación judicial se inició de oficio tras una reunión de la Fiscalía Regional con familiares de la víctima, que plantearon dudas sobre el accionar médico. Según informó la fiscalía, “el deceso se produce el 29/7/25 durante un procedimiento quirúrgico por una fractura de clavícula. La investigación se inicia de oficio por parte de la Fiscalía Regional Rosario luego de una entrevista que se sostuvo con familiares del fallecido donde manifestaban sus dudas sobre lo ocurrido”.
Fernández Bobbio había ingresado al centro de salud el 28 de julio de 2025, pasadas las 5 de la mañana, para una operación por una fractura de la clavícula derecha (luxofractura esternoclavicular posterior). Según la historia clínica, la lesión se produjo el 24 de junio de 2025 durante un partido de rugby entre CRAI y CRAR en Rafaela. Los estudios previos indicaban una luxación esternoclavicular posterior derecha y se indicó tratamiento sintomático y ortopédico.
Durante el mes siguiente, el joven consultó a un traumatólogo en Rosario, quien recomendó la cirugía para retomar la práctica deportiva. El procedimiento comenzó aproximadamente a las 8.45 del 28 de julio. Durante la operación, al abrir la zona y mover el hueso de la clavícula, se produjo una lesión en la arteria subclavia. Sin cirujano cardiovascular en quirófano ni banco de sangre previsto, el paciente sufrió una hemorragia masiva y el corazón se detuvo en dos ocasiones, lo que afectó otros órganos como el riñón y el hígado.
La reparación vascular del tronco arterial braquiocefálico inició a las 12 y finalizó a las 14. El estado del paciente era crítico. Al mediodía del 29 de julio, el corazón del joven dejó de latir nuevamente y falleció.
Dos médicos expertos consultados por la familia después del hecho indicaron que cuando un callo o cicatriz puede comprometer arterias, primero se debe realizar un procedimiento para protegerlas y luego reparar la fractura. Respecto de este caso, señalaron que debió cerrarse la incisión y no operar hasta que hubiera un cirujano cardiovascular en la sala. Además, no se había preparado sangre para la cirugía.
La fiscalía tomó testimonios al personal del hospital y secuestró todas las historias clínicas. El cuerpo no fue sometido a autopsia debido a que fue cremado por decisión familiar.
