La psicoterapeuta Verónica Franciscutti explicó en el ciclo Zona Calma cómo el organismo mantiene niveles de alerta ante preocupaciones cotidianas y qué técnicas sensoriales ayudan a cortar el circuito del estrés.
El ritmo diario convierte una respuesta biológica de supervivencia en un desgaste físico y mental continuo. Según especialistas, la falta de recursos económicos, la sobrecarga laboral y la exposición constante a notificaciones del teléfono móvil mantienen el cuerpo en estado de alerta similar al que se activaba ante un peligro físico. La diferencia radica en que las amenazas actuales no se resuelven con una acción física, sino que se manifiestan en pensamientos recurrentes, insomnio y contracturas.
La psicoterapeuta y especialista en neurociencias Verónica Franciscutti expuso sobre esta dinámica en el ciclo Zona Calma, producido por Diario El Ciudadano y disponible en su canal de YouTube. Franciscutti, formada en programación neurolingüística (PNL) y neurosemántica, señaló que el cerebro no distingue entre un peligro real y una preocupación imaginaria, lo que mantiene activada la respuesta hormonal de manera continua.
Franciscutti explicó que el organismo libera cortisol, adrenalina y noradrenalina para afrontar episodios puntuales de ataque o fuga. Si esa descarga química no se interrumpe, pueden aparecer desajustes fisiológicos y procesos inflamatorios persistentes. La especialista indicó que el origen de este estado se encuentra en la tendencia a anticipar problemas vinculados con la economía y en una autoexigencia elevada.
“El estrés tiene mala prensa, pero estamos hechos para funcionar bajo esa respuesta si dura lo que tiene que durar. El problema arranca cuando el pico no baja nunca porque nos inventamos alertas todo el tiempo. El cerebro no sabe si algo ocurre de verdad o si lo estamos fantaseando; anticipar desgracias todo el día es como llevar un motor a 140 kilómetros por hora sin tocar el freno jamás”, declaró Franciscutti.
La terapeuta sostuvo que las pausas pasivas, como descansar en un sillón o solicitar un masaje, no son suficientes si la mente continúa procesando preocupaciones o pendientes. Para recuperar el equilibrio, recomendó interrumpir los circuitos mentales mediante acciones físicas concretas.
Franciscutti sugirió activar los cinco sentidos para sacar al sistema nervioso del estado de alarma. Concentrarse en estímulos físicos directos, como tocar la madera de un escritorio, percibir el aroma del café o caminar descalzo sobre el pasto, ayuda a fijar la atención en el presente y reduce la activación de redes neuronales asociadas a la ansiedad por el futuro o la culpa por el pasado.
Además, la especialista cuestionó el hábito de revisar el teléfono móvil inmediatamente después de despertar. Según explicó, esta práctica agota la dopamina y genera una sensación de urgencia y frustración antes de comenzar el día. “Uno de los primeros ejercicios que les doy a mis pacientes es pasar los primeros treinta minutos del día sin tocar el celular. Cuando te despertás y te ponés a scrollear de entrada, arrancás acelerada y en piloto automático, metiéndote problemas ajenos y obligaciones a las que sentís que no llegás”, advirtió.
