Con la llegada del invierno, el cuerpo activa mecanismos para mantener su temperatura. Elegir alimentos adecuados puede colaborar en este proceso.
Cada vez que llega el frío, el cuerpo activa una serie de mecanismos para mantener su temperatura cerca de los 37 grados. Aunque muchos prefieren atravesar las olas polares pegados a las estufas o con mil abrigos, lo cierto es que elegir bien qué comer en días bajo cero es un recurso efectivo y natural para colaborar con ese proceso.
Es que, al comer, el organismo no solo recibe nutrientes, sino que además enciende un motor metabólico que genera calor desde adentro hacia afuera. Porque la energía de los alimentos funciona como un «escudo térmico» contra el clima invernal. Este fenómeno se conoce científicamente como termogénesis inducida por la dieta. Básicamente, se refiere al gasto energético que el cuerpo realiza para digerir, absorber y procesar los nutrientes que se consumen.
Hay que tener en cuenta que ciertos alimentos, especialmente aquellos ricos en proteínas, grasas saludables o carbohidratos complejos, exigen un esfuerzo metabólico mayor y más prolongado, lo que mantiene el «fuego interno» encendido durante varias horas después de haber terminado de comer. Además del esfuerzo de la digestión, existen ingredientes específicos que actúan como verdaderos aceleradores térmicos. Las comidas calientes de cuchara, los platos de consistencia densa como los guisos, y el uso estratégico de especias (como el jengibre, la pimienta o el pimentón) estimulan la circulación sanguínea y activan receptores nerviosos que provocan una respuesta de calor casi instantánea.
Cinco recetas para combatir el frío
Crema de zapallo y jengibre (clásico con un toque)
El zapallo aporta cremosidad y el jengibre un toque picante que ayuda a levantar la temperatura corporal de inmediato.
Ingredientes: 1 kg de zapallo (cabutia), 1 cebolla grande, 1 trocito de jengibre fresco (del tamaño de una moneda), aceite, sal y pimienta.
Preparación: cortá la cebolla y el jengibre en trozos chicos. Rehogalos en una olla con un chorrito de aceite hasta que la cebolla esté transparente. Pelá el zapallo, cortalo en cubos y sumalo a la olla. Cubrí los vegetales con agua hirviendo (o caldo), tapá y cociná a fuego medio hasta que el zapallo esté bien tierno (unos 20 minutos). Retirá del fuego, condimentá con sal y pimienta, y procesá todo con minipimer o licuadora hasta lograr una crema suave.
Sopa de Cebolla Exprés (receta rapidita)
Un clásico de invierno que se hace con lo que siempre hay en la heladera. El secreto está en dorar bien la cebolla.
Ingredientes: 3 cebollas grandes, 1 cucharada de manteca (o aceite), 2 cucharadas de harina común, caldo de verdura o carne (aproximadamente 1 litro).
Preparación: cortá las cebollas en tiras finas (pluma). En una olla, derretí la manteca y cociná la cebolla a fuego bajo, revolviendo seguido, hasta que esté bien dorada y dulce (unos 15 minutos). Espolvoreá la harina sobre la cebolla y revolvé bien durante un minuto para que se cocine. Agregá el caldo caliente poco a poco, mezclando para que no se formen grumos. Dejá hervir a fuego lento por 15 minutos para que concentre el sabor. Servila bien caliente.
Garbanzos de la abuela (guisito imperdible)
Una opción cargada de energía y proteína que se prepara en minutos usando legumbres de lata.
Ingredientes: 1 lata de garbanzos (escurridos), 1 cebolla y 1/2 morrón común, 1 caja chica de puré de tomates (200 g), 1 cucharadita de pimentón dulce.
Preparación: Picá la cebolla y el morrón. Doralos en una olla con un chorrito de aceite y sal. Agregá la cucharadita de pimentón, revolvé rápido para que no se queme e incorporá el puré de tomates. Dejá cocinar la salsa por 5 minutos. Sumá los garbanzos escurridos y un chorrito de agua si está muy espeso. Tapá y dejá cocinar todo junto a fuego bajo por 10 minutos para que los garbanzos tomen todo el sabor.
Polenta Cremosa con Queso y Manteca
No hay nada más rápido y tildado de «antifrío» que una buena polenta.
Ingredientes: 1 taza de polenta instantánea, 3 tazas de líquido (mitad agua, mitad leche para más cremosidad), 1 cucharada generosa de manteca, 150 g de queso cremoso o muzzarella.
Preparación: Poné a calentar el agua y la leche en una olla con una pizca de sal hasta que rompa el hervor. Bajá el fuego al mínimo y agregá la polenta en forma de lluvia, revolviendo constantemente con batidor de mano o cuchara de madera para que no se hagan grumos. Cociná por 1 minuto (o lo que indique el paquete). Apagá el fuego, agregá la manteca y el queso cortado en cubos. Revolvé enérgicamente hasta que todo se derrita y quede bien espeso y cremoso.
Manzanas Asadas al Horno con Canela
Un postre o merienda tibia que perfuma toda la casa.
Ingredientes: 4 manzanas (rojas o verdes), 4 cucharaditas de azúcar (o miel), canela en polvo a gusto, un chorrito de agua.
Preparación: Lavá las manzanas y, con la ayuda de un cuchillo o descorazonador, sacales el centro (las semillas) pero sin llegar a perforar la base, formando un «hueco». Colocá las manzanas en una fuente para horno. En el hueco de cada una, poné una cucharadita de azúcar (o miel) y espolvoreá con bastante canela. Agregá un chorrito de agua en la base de la fuente (para que no se peguen) y cociná en horno medio durante unos 30-40 minutos, hasta que estén bien tiernas y arrugaditas. Se comen tibias con el juguito que se forma en la base.
