Tras el 2,6% de abril, el Gobierno nacional apuesta a que mayo consolide la tendencia a la baja en los precios, aunque persisten presiones en tarifas y servicios.
Después del 2,6% de abril, la administración de Javier Milei se juega una carta central en mayo: que el quinto mes del año termine de confirmar que el pico inflacionario quedó atrás y que la desaceleración volvió a convertirse en tendencia.
La inflación de abril mostró alimentos más calmos, combustibles contenidos y tarifas administradas, pero todavía con el bolsillo apretando. El Gobierno insiste en que «lo peor ya pasó» y que vienen «los mejores 20 meses». Ahora necesita que la realidad acompañe una narrativa que volvió a ponerse a prueba.
El IPC de abril recortó 0,8 puntos respecto del mes previo, perforó otra vez el umbral del 3% y cortó una secuencia de diez meses con aumentos. El dato le permitió al oficialismo recuperar discurso. El ministro de Economía, Luis Caputo, lo repite como mantra: «lo peor ya pasó; ahora empiezan los mejores 20 meses de la economía».
Las proyecciones privadas parecen respaldar la lectura oficial. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado elaborado por el BCRA ubicó a la inflación de mayo en torno al 2,3%. De darse, completaría una nueva baja, moderada, pero suficiente para que el Gobierno pueda mostrar que «todo marcha de acuerdo al plan», aunque el alivio sigue conviviendo con salarios pisados y servicios que se comen cada vez más de los ingresos disponibles.
La desaceleración del cuarto mes del año tuvo varios apoyos. El más evidente estuvo en alimentos y bebidas no alcohólicas, que subieron apenas 1,5%, muy por debajo del nivel general. La Canasta Básica Alimentaria subió 1,1% en abril, la variación más baja desde agosto, mientras que la Canasta Básica Total avanzó 2,5%. Para una familia tipo de cuatro integrantes, el ingreso necesario para no caer debajo de la línea de pobreza quedó en $1.469.768, y para no ser indigente en $665.053.
El segundo factor decisivo fue la contención de combustibles. Después del salto fuerte de marzo, abril y buena parte de mayo tuvieron un congelamiento temporal. El Gobierno actualizó sólo 0,5% los impuestos sobre combustibles, con el objetivo de evitar un nuevo sobresalto en surtidores.
En cuanto a los precios regulados, el Ejecutivo tomó varias decisiones para llevar alivio en las boletas. Agua y Saneamientos Argentinos limitó el aumento mensual del servicio de agua al 3%. En el gas, se elevó el refuerzo al 75% en el valor del gas para hogares subsidiados. En electricidad, la asistencia mantiene la bonificación sobre bloques de consumo específicos. Además, se decidió postergar hasta noviembre el traslado a tarifas del mayor costo del GNL importado por barco.
El índice de abril, sin embargo, siguió mostrando que los regulados presionan bastante: aumentaron 4,7%, casi el doble del IPC general. Transporte encabezó las subas con 4,4%; comunicación 4,1%; y vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 3,5%.
De acá en adelante, el Gobierno entiende que mayo puede funcionar como un mes bisagra. Si el IPC vuelve a ceder y se ubica en la zona que anticipa el REM, la Casa Rosada podrá insistir con más fuerza en que marzo fue un accidente dentro de una trayectoria descendente. Pero el marco general todavía muestra cuestiones para atender: el acumulado de los primeros cuatro meses ya superó lo que el propio Gobierno proyectó para todo 2026 en el Presupuesto, y las consultoras esperan que el índice se mantenga por encima del 2% mensual durante varios meses.
