El SMN enfrenta una medida de fuerza inédita tras los despidos de 140 trabajadores. En Santa Fe, la estación de Ceres corre peligro de cierre, mientras que el Aeropuerto de Rosario confirmó que operará con normalidad.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) atraviesa una situación crítica tras los 140 despidos dispuestos por el gobierno nacional la semana pasada. Este viernes, el organismo realizará un paro histórico, la primera medida de fuerza de este tipo en toda su trayectoria. La protesta incluye una concentración en la sede central de la Ciudad de Buenos Aires desde las 10.30 y un apagón informativo entre las 5 y las 12, lo que podría afectar la difusión de datos meteorológicos y generar demoras en vuelos.
A pesar de la medida, desde el Aeropuerto Internacional Rosario (AIR) indicaron que la actividad se desarrollará con normalidad. El presidente del Directorio del AIR, Juan Pío Drovetta, señaló que tras conversar con los encargados de la estación meteorológica del aeropuerto, se confirmó que mantendrán el servicio. Sin embargo, en otras regiones del país, la operatoria podría resentirse.
El SMN, que funciona desde 1872, brinda datos esenciales para la agricultura, la ganadería, los servicios aeronáuticos y la información a la ciudadanía. En 2023, por ejemplo, se realizaron 771.095 observaciones meteorológicas, 1.208 alertas, 56.940 pronósticos aeronáuticos y 37 informes de emergencia agropecuaria.
En Santa Fe, el organismo cuenta con siete estaciones: Rosario, Sauce Viejo/Santa Fe, Venado Tuerto, Rafaela, Ceres, Sunchales y Reconquista. La estación de Ceres, con 130 años de trayectoria, corre riesgo de cierre debido a los recortes. Hasta el miércoles pasado, contaba con seis observadores, pero dos de ellos fueron despedidos, lo que ya afecta su operación en una zona golpeada por lluvias intensas.
Distintas gestiones nacionales estimaron que el SMN necesita un mínimo de 1200 personas para funcionar correctamente. Tras los últimos despidos y ante la posibilidad de nuevos recortes (se prevé echar a otros 100 trabajadores), la planta quedaría en unas 600 personas, que deben cubrir servicios diseñados para el doble de personal. Esto genera trabajadores sobreexigidos, con el doble de horas y pronósticos para zonas cada vez más grandes, sin capacidad para abordar alertas urgentes.
