Investigaciones federales confirman el vínculo del adolescente con una red global que venera delitos violentos y alertan sobre la detección de casos similares en el país.
A poco más de una semana del tiroteo en la escuela de San Cristóbal, la investigación confirmó que el adolescente de 15 años que mató a un alumno e hirió a otros ocho formaba parte de una subcultura digital conocida como True Crime Community (TCC). Esta red, que surgió tras la Masacre de Columbine, se caracteriza por la veneración de delitos violentos.
Un informe de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) alertó sobre la presencia de integrantes de esta comunidad en Argentina. Este miércoles, el Gobierno confirmó que, en los últimos dos años, investigaciones de la Policía Federal en colaboración con el FBI detectaron 15 casos de características similares, mientras que otros cuatro se encuentran bajo análisis.
El comisario inspector Guillermo Díaz, jefe del Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal, explicó que no se trata de un hecho aislado, sino que responde a una red online de alcance global y descentralizado. «En este caso se dieron todos los indicadores y esta persona tenía un acceso puntual a armas», enfatizó.
Origen y características de la True Crime Community
El origen de la True Crime Community se remonta al 20 de abril de 1999, cuando dos tiradores activos mataron a doce estudiantes y un profesor en la escuela secundaria Columbine, en Estados Unidos, antes de suicidarse.
Según explicó el jefe policial, esta comunidad se compone principalmente de adolescentes y jóvenes de entre 13 y 19 años, quienes atraviesan distintas etapas dentro de estos entornos digitales. En una primera instancia, investigan crímenes reales y desarrollan una fascinación por autores de ataques violentos. Luego, comparten material vinculado a estos hechos en foros o sitios web. En una tercera fase, migran hacia grupos cerrados en plataformas como Discord o Telegram, donde no solo comparten contenido, sino que también comienzan a glorificar a los perpetradores. «Empiezan a imitarlos», indicó Díaz.
La instancia más crítica, según los investigadores, se da cuando los miembros avanzan hacia la planificación de ataques. «La principal preocupación es la emulación hasta una cuarta etapa, donde empiezan a planificar ataques, porque ellos quieren imitarlos», remarcó el comisario, al subrayar la necesidad de detectar estos comportamientos en forma temprana.
