La alta demanda de formación gratuita en Rosario se repite en distintas instituciones, reflejando la búsqueda de herramientas para el mercado laboral actual.
Este martes, más de 700 personas se acercaron al Espacio Cultural Universitario de Rosario para preinscribirse en los 18 talleres gratuitos que ofrece la Escuela de Oficios de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). La convocatoria, que se completó en apenas dos horas, se enmarca en una serie de ofertas de capacitación que han registrado alta demanda en las últimas semanas en la ciudad.
Según señaló la directora de la Escuela, Agustina Deux, la masiva respuesta era esperable tras lo sucedido con las inscripciones en la Tecnoteca y en los cursos municipales de oficios, que sumaron alrededor de 2.000 anotados cada una en sus primeras jornadas. Entre las tres propuestas, se estima que este año se sumarán entre 7 y 8 mil preinscriptos, el doble que en la convocatoria anterior.
Los datos preliminares indican que la mayoría de los inscriptos son mujeres de entre 30 y 50 años, y que aproximadamente dos tercios se encuentran en situación de desempleo. Deux destacó un cambio en la tendencia de los cursos más solicitados: «Este año los que sumaron más inscripciones son los vinculados a oficios tradicionales, como electricidad, plomería, carpintería o herrería, lo que da cuenta de una necesidad de inserción laboral inmediata».
El proceso de selección prioriza a las personas desempleadas, seguido de quienes tienen empleo en situación informal, y evalúa también la composición del grupo familiar.
Las estadísticas del último trimestre del año pasado para el Gran Rosario muestran una tasa de desempleo del 6,5%, por debajo de la media nacional (7,5%). Sin embargo, la subocupación aumentó del 8,4% al 12,9%. Si se consideran los desocupados, subocupados y ocupados que demandan otro empleo, la presión sobre el mercado laboral regional alcanza al 36,9% de la población económicamente activa.
En el lugar, historias como la de Jésica (29 años), que anotó a su pareja para mejorar su currículum, o la de Andrea (54 años), sostén de hogar que busca sumar otra actividad para incrementar sus ingresos, ejemplifican el contexto detrás de la alta demanda de capacitación.
