El plan económico de Javier Milei, basado en dólar barato, apertura importadora y ajuste permanente sobre los ingresos populares está impactando de lleno en la industria del país. Los empresarios buscan aprovechar la situación para imponer peores condiciones de trabajo, aplicando partes de la Reforma Laboral en los hechos antes de que se vote en el Congreso, y así recuperar o aumentar sus ganancias.
La utilización de la capacidad instalada en la industria se ubicó en noviembre, según los datos del Indec publicados este miércoles, en apenas el 57,7%, muy por debajo del 62,3% registrado en el mismo mes de 2024 y marcando el peor desempeño desde marzo de 2025. Además, significó una caída de 3,3 puntos porcentuales respecto de octubre, cuando había alcanzado el 61%. El dato confirma una tendencia persistente: la industria produce cada vez menos, no por falta de capacidad, sino por la caída del consumo interno y el avance de las importaciones alentadas por un tipo de cambio sostenido en base al endeudamiento y el sometimiento a Estados Unidos y el FMI.
Los sectores más ligados al mercado interno fueron los más castigados. La industria automotriz utilizó apenas el 46,3% de su capacidad, la metalmecánica —excluyendo automotores— cayó al 39,9%, los productos de caucho y plástico al 41% y edición e impresión al 50,6%. Pero el caso más dramático es el textil: en noviembre operó con solo el 29,2% de su capacidad instalada, contra el 48,2% de un año atrás. Un verdadero derrumbe producto de la apertura comercial sin ningún tipo de protección y el boom de importaciones, con plataformas como Shein y Temu inundando el mercado mientras cierran talleres y plantas en todo el país.
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La contracara de este panorama es reveladora del modelo en curso. Los sectores que mejor desempeño muestran no son los que generan empleo masivo, sino aquellos ligados a la exportación de bienes comunes naturales. La refinación del petróleo encabezó el ranking con un 86,5% de utilización, confirmando que los “ganadores” del plan Milei son los que no necesitan generar puestos de trabajo y poco aportan a la recuperación del empleo.
Las consecuencias para los trabajadores son graves, según el último informe del SIPA, en octubre se profundizó la caída del empleo registrado. En los primeros dos años del gobierno libertario, 270.852 asalariados formales perdieron su trabajo. Solo en octubre de 2025 se destruyeron 33.100 puestos registrados, una caída mensual del 0,3%. En el sector privado, el retroceso fue de 17.900 trabajadores en un solo mes.
La industria manufacturera y la construcción encabezaron la sangría, con caídas mensuales superiores al 0,5%. Desde noviembre de 2023 acumulan retrocesos del 4,7% y del 15,1% respectivamente. En la industria, el deterioro es alarmante: en los últimos dos años se perdieron más de 60.000 puestos de trabajo formales. Es el resultado directo de una política económica que va en contra de la producción local.
Del ajuste a la reforma laboral: la crisis como herramienta de disciplinamiento
El caso de TN & Platex en Tucumán es un ejemplo brutal de cómo esta crisis se intenta descargar sobre las y los trabajadores. La empresa paralizó completamente su planta en Los Gutiérrez, suspendió a 190 trabajadores hasta el 28 de febrero de 2026, adeuda aguinaldos y vacaciones ya devengadas, y pretende pagar indemnizaciones al 70%, amenazando con reducirlas al 50% si no se acepta el “acuerdo”. Suspensiones masivas, rebaja salarial y extorsión abierta, al calor de un Gobierno que legitima estas prácticas.
Lejos de revertirse, todo indica que el deterioro del empleo continuará. La economía no muestra señales claras de crecimiento y, aun si las hubiera, el esquema productivo que impulsa Milei no genera trabajo en cantidad ni calidad. La combinación de consumo en caída, importaciones en alza y dólar barato golpea de lleno a la industria. Pero tan real como esos factores es el aprovechamiento patronal de la crisis para intentar disciplinar a la clase trabajadora, imponer peores condiciones laborales y aumentar la explotación.
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El anuncio de una contrarreforma laboral funciona como una invitación a las patronales para avanzar “por los hechos” sobre derechos conquistados. Como está ocurriendo en Lustramax, donde se intenta justificar despidos mediante un proceso preventivo de crisis fraudulento para bajar salarios y aumentar ritmos de trabajo, muestra el verdadero sentido del ajuste: transferir ingresos y poder desde el trabajo hacia el capital. La lucha ya se volvió un caso testigo y el apoyo a los trabajadores puede ser clave para que triunfen, mostrando un ejemplo de resistencia al avance de las patronales.
El Gobierno y los empresarios preparan una ofensiva para reformar la legislación laboral en clave regresiva y semiesclavista. Por eso, frente al tratamiento de la reforma laboral en el Senado el próximo 10 de febrero, la respuesta no puede ser la pasividad. Es necesario rodear el Congreso e imponer a las centrales sindicales un paro nacional activo que frene este ataque. Está en juego mucho más que una ley: se trata de impedir que Milei, las grandes patronales y el FMI profundicen un modelo de saqueo, ajuste y precarización que ya muestra sus consecuencias en cada fábrica que apaga sus máquinas y en cada trabajador que pierde su empleo.
