El pensador francés Éric Sadin estuvo en Buenos Aires para presentar ‘El desierto de nosotros mismos’ (Caja Negra), su más reciente libro. En una entrevista, se refirió al impacto de la inteligencia artificial generativa en la educación y sostuvo que «abandonamos a nuestros hijos» al permitir el uso de estas tecnologías en las escuelas.
El pensador francés Éric Sadin (1973) presentó en Buenos Aires su libro El desierto de nosotros mismos (Caja Negra), en el que aborda los efectos de la tecnología digital y la inteligencia artificial generativa en la sociedad. Durante su visita, ofreció una entrevista en la que se refirió a la educación, la responsabilidad adulta y el vínculo entre tecnología y aprendizaje.
Sadin afirmó que la Argentina tiene «una cualidad que no se ve en otras partes; un interés por el otro, la atención, el cuidado». Y agregó: «Tienen conciencia de necesitar a los demás. Y es que somos más ricos con el otro».
Consultado sobre las protestas estudiantiles en Francia, Sadin sostuvo que el movimiento surgió por «una insatisfacción sobre un estado de cosas», que incluye «el estado edilicio, o la falta de profesores». Según el autor, en Francia se deshizo «un ideal de saber, de protección social, de servicio público, de instituciones, de una salud igualitaria para todos, de progreso social». Y agregó que los jóvenes sienten que ese ideal «se aparece como una ficción».
En ese marco, Sadin centró su crítica en la responsabilidad de los adultos frente a la inteligencia artificial generativa. «Abandonamos a nuestros hijos. Los hemos abandonado», declaró. Y explicó: «Cuando se lanzó el ChatGPT, la IA generativa, en 2022, cientos de millones de individuos se abalanzaron sobre esas máquinas y dijeron ‘esto es espectacular, escriben en lugar de nosotros'». Para Sadin, «la humanidad ha caído bien bajo para hacer uso de máquinas que van a pronunciarse en nuestro nombre».
El pensador señaló que en las escuelas se produjo «un caos total» y que los docentes quedaron «librados a sí mismos», mientras que el lobby de quienes quieren instalar sistemas de IA generativa busca «adaptar la educación a eso». A su juicio, «no nos adaptamos a máquinas que nos van a privar de la facultad de la escritura, y en cambio dejamos a los chicos usarlas. Es nuestra culpa».
Sadin anticipó que los niños podrían preguntar en el futuro por qué aprender lengua, gramática, ortografía o lectura si un sistema escribe por ellos. «Esa pregunta no nos la hicimos y es una falta inmensa», afirmó.
Al ser consultado sobre si se trató de una falta de responsabilidad, Sadin respondió: «Por una falta de responsabilidad absoluta». Y agregó: «Desde hace algunos días pienso que si Dios existe debería castigarnos. ¿Sabés cómo debería castigarnos? Con una punición suavecita pero que haría sufrir a muchos: que por 24 horas los smartphones desaparecieran del mundo».
El autor mencionó la lectura de Escritos políticos, de George Sand, y relató un caso de una persona con discapacidad intelectual abandonada en un hospicio católico y luego en la administración pública, que terminó muerta. Según Sadin, Sand acuñó el término «inocenticidio» para calificar esa falta moral. «Es mi nuevo concepto. Matamos la inocencia», sostuvo.
Respecto de la próxima visita del papa Francisco a la Argentina, Sadin aclaró: «No quiero que crean que soy un cristiano inspirado». Y contó que escribió una columna en El País tras la encíclica del Papa sobre IA. «Soy más Papa que el Papa», dijo, porque en educación el Papa propone adaptarnos y, a su entender, «tendríamos que haber prohibido las máquinas en la escuela».
En cuanto al concepto de «pereza» que aparece en el libro, Sadin explicó que lo aborda primero desde lo moral. «Nuestra frecuentación cada vez más asidua de las tecnologías digitales… erradicó en la mayoría de nosotros toda la conciencia moral, a beneficio de una sola cosa: la facilitación de la existencia», afirmó. Y agregó que «la responsabilidad es ver cómo mis actos me comprometen».
Sadin también relató que recibió un correo de estudiantes de 17 años del Liceo Víctor Hugo en Poitiers, que le escribieron: «Queremos ser autores, componer música, ser coreógrafos. Queremos hacer lo que nos gusta. No queremos que la IA nos triture. Señor Sadin, ayúdenos». El mensaje terminaba con la frase: «La juventud está detrás suyo». Según Sadin, eso lo hizo llorar y busca organizar actividades con ellos. «Tenemos que darles la mano a los que quieren ser activos», concluyó.
La presentación de El desierto de nosotros mismos será el miércoles a las 18 en el Teatro El Picadero, Enrique Santos Discépolo 1857. El jueves 5 a las 17, Sadin mantendrá una entrevista pública con Margarita Martínez en la Fundación Andreani, Av. Don Pedro de Mendoza 1987.
