El anuncio del Pentágono, realizado el 9 de octubre, de transmitir por streaming el fusilamiento del excomandante Nidal Malik Hasan, previsto para el 3 de diciembre en Texas, ha generado reacciones de la ONU y de legisladores estadounidenses.
El Pentágono anunció el 9 de octubre que transmitirá por streaming el fusilamiento de Nidal Malik Hasan, excomandante y psiquiatra del Ejército de Estados Unidos. Hasan fue condenado por matar a 13 soldados e herir a otros 32 en un ataque ocurrido en 2009 en Fort Hood, una base militar en Texas. Fue declarado culpable de asesinato premeditado y condenado a muerte en 2013. Su ejecución está prevista para el 3 de diciembre en Texas.
La oficina de derechos humanos de la ONU declaró a la agencia AFP que la transmisión equivaldría a una ejecución pública y violaría la prohibición absoluta de la tortura. El senador demócrata Chris Murphy dijo a CNN que la idea era «repugnante». Alonzo Lunsford, exsargento que recibió siete disparos durante el ataque, dijo a la BBC que el fusilamiento es un método «apropiado», que las familias y los sobrevivientes deberían poder verlo y que quiere que Hasan lo mire a los ojos: «Quiero que sepa que fracasó. Yo sigo aquí».
El anuncio reabre el debate sobre las ejecuciones públicas en Estados Unidos. La última ejecución pública de la que se tiene registro se realizó el 14 de agosto de 1936 en Owensboro, Kentucky, cuando fue ahorcado Rainey Bethea, un joven afroamericano de 22 años condenado por violación. La ejecución fue presenciada por miles de personas y generó críticas de la prensa nacional e internacional. En 1938, el gobernador de Kentucky firmó una ley que prohibió definitivamente los ahorcamientos públicos.
Desde entonces, las ejecuciones en Estados Unidos se realizan a puertas cerradas. La excepción más cercana fue la de Timothy McVeigh, autor del atentado de Oklahoma City en 1995, cuya ejecución en 2001 se transmitió por circuito cerrado a un grupo de sobrevivientes y familiares.
