La directora de artes escénicas y curadora argentina Vivi Tellas presentó su proyecto Pochi Pochi el sábado en el Festival Internacional de Literatura (Filba), en Azotea, Ciudad de Buenos Aires. La actividad consistió en lecturas performáticas de textos basados en fotografías familiares a cargo de 15 artistas.
Cada diez minutos, Federico se pasea cantando boleros a capella rodeado de gente que busca libros de ensayos y poesía. También hay un ojófono entre tantas atracciones, un chamán que quita las malas vibras, degustaciones, un puesto de algas y comidas. Sin embargo, todo el mundo está esperando el biodrama, el “plato fuerte” de la cita.
Así es Pochi Pochi, un conjunto performático de distintas disciplinas culturales (Lectura + Feria + Editoriales + Música) cuyo eje central está en la lectura de textos a través de una foto familiar especialmente elegida y narrada por un grupo de 15 artistas.
Pochi Pochi nació en 2001 a partir de una idea de la directora de artes escénicas y curadora argentina Vivi Tellas, creadora de Biodrama, un proyecto sobre biografías escénicas que se presentó este sábado en el Festival Internacional de Literatura (Filba), en Azotea (avenida Córdoba 543, CABA). El ciclo cuenta con el apoyo de Clarín y revista Ñ como media partners.
¿Qué es Pochi Pochi?
“Esta performance consiste en elegir una foto de la familia y escribir un texto. Es muy simple pero muy profundo. Yo también elegí una foto”, explica su creadora.
Pochi Pochi comenzó como un ejercicio que Tellas realiza habitualmente en su taller de biodrama. Su primera obra biodramática documental se llamó “Mi mamá y mi tía”. “Empecé a buscar adentro de la familia y a pensar la familia como teatro”, recuerda Tellas.
Su proyecto tuvo gran repercusión entre 2001 y 2002, cuando era directora del teatro Sarmiento. Tellas invitó a directores y directoras para que eligieran a una persona viva y trabajaran su biografía y contaran su historia.
Finalmente, su creación comenzó a dar sus frutos y lo llamó Biodrama. “Empecé a separarlo y comenzó a dar resultados. La gente escribe cosas increíbles y se entusiasma con la idea”, comenta la ganadora del Premio Konex de Platino 2024 en Letras.
Tellas siempre creyó que todas las personas pueden tener una historia escénica. Es decir, contar algún momento personal o de su familia a través de una fotografía. “Un biodrama consiste en ver si la biografía de una persona puede ser poética y llevar a escena las partes teatrales”, describe la consagrada actriz y directora teatral argentina.
Antes, lo había hecho en Paraiso Club y en El Galpón de Guevara. Ahora, Pochi Pochi se trasladó al FILBA 2026. Por allí pasaron 15 artistas entre actores, actrices, guionistas y escritores para narrar su biodrama. Ellos son: Muriel Sago, Lu Camaño, Mercedes Halfon, Dani Zelko, Cecilia Pavón, Pablo Katchadjian, Marie Gouric, Caro y Felipe Saade, Claudia del Río, Magalí Etchebarne, I. Acevedo, Lorena Vega, Valeria Tentoni y Rodrigo Moreno.
Cada uno eligió una fotografía que se proyectaba sobre la pared, acompañada por una lectura performática de unos diez minutos de duración. Alrededor de unas 200 personas siguieron atentamente cada historia en Azotea. Como si fuera un teatro, pero en modo biodrama.
“Mi mamá y mi papá en una peña en Cusco, en el viaje en el que se cruzaron y se conocieron. Enero de 1986. Hago terapia hace diez años y así y todo empiezo a escribir este texto con miedo o esperanzas, no entiendo bien, de encontrar algo de mí que no conocía”, relata el actor Felipe Saade. Como fondo, se observa la imagen proyectada del día en que se conocieron sus padres.
“La chica y el chico se cruzan por primera vez en Bolivia, se vuelven a cruzar casualmente en alguna ciudad más de Bolivia o Perú y para el momento de la foto, Cusco, mi vieja duda si ya estaban enganchados, a lo que mi viejo responde: ahí estábamos, tejiendo”, cuenta Saade, en medio de las risas del público.
“Ahora, la foto es algo más corriente. Por eso quizás sea menos especial que en aquel momento, no lo sé. Lo que es seguro es que en esas imágenes que uno guarda hay recuerdos, mitos y secretos sobre nosotros mismos, pero qué se hubiesen imaginado en ese momento, esa chica y ese chico, que les iban a sacar una foto, que iban a seguir bailando un rato más y que luego seguirían cruzando y viajando juntos un tiempo, pero que al final cada uno seguiría su viaje. Qué se iban a imaginar que, al regresar a sus casas, continuarían escribiéndose cartas y enviándose cassettes durante más de tres años, que al tiempo ella lo iría a buscar a Tucumán y decidiría que él se viniera a Morón. Que tiempo después se mudarían a la ciudad, que lograrían armar una casa y tendrían una hija y un hijo que décadas más tarde iban a mirar esa foto y sentir fortuna”, concluye Saade, mientras el público sigue atentamente su relato.
Un pueblo con nombre de cerdo
Pablo Katchadjian, escritor y docente argentino, arrancó la lectura con la foto de un nene celebrando su cumpleaños con sus amiguitos en Inglaterra. A través del biodrama, relató la historia de Winwick, un pueblo al noroeste de Inglaterra, muy cerca de Liverpool, que lleva el nombre de un cerdo por el sonido que hacía (winwick), entre risas y carcajadas de los presentes.
“En este caso, no es su seriedad o enojo lo que explica su foto sino algo que le ocurrió la semana anterior, cuando fue con sus padres a un pub frente a la iglesia del pueblo. El nombre del pub era El Cisne. Cuando terminaron de comer, el barman le preguntó si ya habían visto el cerdo de la iglesia. ‘¿El cerdo de la iglesia?’, preguntó su padre. ‘El cerdo que dio nombre a nuestro pueblo’, dijo el barman. ‘¿Un cerdo dio un nombre?’, preguntó su madre. El barman sonrió. Satisfecho por el asombro provocado, dijo: ‘vean primero el cerdo y después les cuento la historia’”.
“‘La historia primero,’ dijo el nene y los tres adultos se rieron. ‘No, primero el cerdo’, le dijo el barman. ‘¿Dónde está?’, preguntó el padre. ‘De aquel lado, dando la vuelta’, dijo el barman, dando una seña. Hacía mucho frío, dieron la vuelta y llegaron a la iglesia. El nene miró arriba y vio arriba primero la estatua de un santo musculoso con una campana en la mano. Después, el relieve en piedra del cerdo. Lo sorprendió ver a un cerdo enfrente de la iglesia”.
Vivi Tellas también participó con su lectura performática en Pochi Pochi. Para ello, eligió una foto de cuando era niña y arrancó: “Los Ángeles, 1960. Vivíamos en Los Ángeles, yo había perdido mi reino a los seis años: mis abuelos, mis tíos, mis primos, las risas, las miradas de amor, la gracia, mis performances con telones en el living de la casa de mi abuela Victoria. Dicen que era irresistible bailando el twist. Todo se había quedado en Buenos Aires”.
“Ahora era la nena con un padre muerto que nunca conoció viviendo en una ciudad desconocida con un hombre desconocido en mi casa que dormía con mi madre. Mi padre Isaac vivió dos años conmigo y murió. Después, todo era lágrimas y tristeza”, relata Tellas en medio de un profundo silencio de los asistentes.
“En esta foto estoy subiendo las escaleras de mi casa después del colegio. Serían las tres y media de la tarde, el horario de la escuela era de nueve y media a tres. Hoy miro la imagen y no puedo creer la niña triste que era, esa mirada de cansancio, tristeza y resignación y a la vez tratando de ser una mueca de sonrisa para la foto. Me pregunto por qué tan bien peinada, tan arregladita si volvía del colegio, ese lugar tan salvaje. Estaría pensando en algo en especial. ¿Estaría enferma, me fueron a buscar?”
“Mi padrastro saca la foto Kodak Technicolor diapositiva. Mi mamá y mi padrastro trabajaban todo el día y no tenían con quién dejarme. Entonces, yo llegaba del colegio y debía quedarme encerrada en mi casa, no salir y cerrar la puerta con llave. Este era mi nuevo reino: la soledad”.
“¿Quién era yo, qué pensaba del mundo? Por suerte, hablo perfecto inglés: I would like to buy an hamburger. What is the meaning of live? Love is evil. Where have old the flowers gone? La tristeza es parte de mí, soy la misma. ‘Lets twist again’, cerró Vivi Tellas en el día de su cumpleaños, bailando twist al compás de la homónima canción.
Más de Pochi Pochi
Además de las lecturas biodramáticas, el evento contó con la participación de Federico Casalinuovo (@federicojavier.c), quien recitó boleros a capella en una “perfo” musical; un puesto de algas; el Dúo Retratours (@vallerojo @juanigsevares) realizó “retratos a la gorra”; el chamán Bernardo Zabalaga (@ber_zabalaga) se encargó de alejar los malos espíritus con hojas, escobas y aceites aromáticos mientras hacía caminar a la gente en un círculo formado por pétalos de rosas. Además, Esteban Brenman (@ebrenman) presentó El Ojófono, un instrumento musical que creó con ojos de muñecas que recrean distintos sonidos. También participó la Feria Farera, la feria americana de Vanesa Wainberg (@feria.farera).
Entre las editoriales invitadas estuvieron: Socios fundadores (@sociosfundadores); Ñacurutú Editora (@nacurutueditora); El Susurrerío (@elsusurrerio); Bibi Zogbé (@bibizogbe1) y Ediciones Documenta (@ediciones_documenta).
