La transmisión de programas radiales por YouTube y plataformas audiovisuales modifica la producción sonora y la relación con la audiencia. Especialistas y oyentes observan el fenómeno.
La radio construyó su identidad a partir de voces y sonidos sin imagen. En la actualidad, un número creciente de programas radiales se transmiten simultáneamente por YouTube y otras plataformas audiovisuales. Cámaras instaladas en los estudios muestran a conductores, columnistas e invitados.
La adaptación del medio al consumo multiplataforma plantea una pregunta: qué ocurre cuando la radio prioriza la imagen sobre el sonido.
La producción radial incluye el manejo de silencios, pausas, música, cortinas y tiempos. También incorpora improvisación. Con la incorporación de cámaras, el conductor es observado. El gesto, la postura, la vestimenta, el movimiento y la escenografía del estudio pasan a formar parte de la comunicación. La pregunta deja de ser solo qué decir y cómo decirlo. Ahora importa también cómo se ve lo que se emite.
La radio nació sin la obligación de mostrar. Su libertad residía en concentrarse en la voz y en el oído. Un silencio podía ser una herramienta narrativa. Una cortina musical marcaba una transición. Una pausa generaba expectativa. El sonido construía una imagen que nunca se veía.
La cámara introduce la necesidad de llenar visualmente aquellos espacios que antes quedaban librados a la imaginación del oyente.
El oyente tradicional de radio no está frente a una pantalla. Conduce, trabaja, cocina, camina o realiza otra actividad. En las radios masivas, esa audiencia es mayor que la cantidad de personas que simultáneamente miran por YouTube. Si el conductor se dirige al espectador que mira la transmisión, puede dejar afuera al que solo escucha. La radio, históricamente, se dirigió a alguien que no está mirando y que, por lo tanto, imagina.
La incorporación de YouTube puede aportar nuevos espectadores, generar clips, viralizar momentos y ofrecer una ventana adicional al programa. El fenómeno se produce cuando la plataforma deja de ser una extensión de la radio y determina cómo debe hacerse radio.
La radio debe estar donde están sus audiencias. Estar en YouTube no debería obligarla a convertirse en televisión. La radio mantiene la intimidad de voces y sonidos que se dirigen directamente al oído de alguien que no necesita ver.
El desafío consiste en utilizar las cámaras sin permitir que las cámaras gobiernen el micrófono. Cuando el conductor deja de pensar en el oyente para pensar en la cámara, cuando los silencios se vuelven incómodos porque no pasa nada en pantalla, cuando la música pierde espacio porque hay que sostener la imagen y cuando la improvisación queda subordinada al gesto o a la puesta en escena, se agrega video a la radio, pero se produce otra cosa.
Queda planteada la pregunta sobre si, en nombre de mostrarlo todo, se termina eliminando aquello que hacía a la radio: no necesitar mostrar.
