El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, llamó a dejar atrás el individualismo y la mezquindad política durante la homilía en la Catedral Metropolitana, con la presencia del presidente Javier Milei y otros funcionarios.
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pronunció este jueves la homilía del Tedeum por el Día de la Independencia en la Catedral Metropolitana, con la presencia del presidente Javier Milei, el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, el jefe de Gabinete Diego Santilli, la secretaria general de la Presidencia Karina Milei, la jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza Patricia Bullrich, el asesor Santiago Caputo y el canciller Pablo Quirno, entre otros.
En su mensaje, García Cuerva convocó a “escuchar los llantos, los lamentos y los gritos que claman pidiendo ayuda” y a “salir de nuestra coraza y caminar con los demás”. Afirmó que “Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable” y pidió “respetar a los demás”, reconocer sus valores y “compadecerse de sus angustias”.
Durante la homilía, basada en la parábola del Buen Samaritano, el arzobispo sostuvo que “la única salida es ser como el Buen Samaritano” ante el dolor y las heridas sociales. Señaló que “toda otra opción termina o bien del lado de los salteadores, o bien del lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del herido del camino”.
García Cuerva mencionó que “los heridos del camino de la vida” incluyen a “los enfermos, los jubilados, los adolescentes y jóvenes víctimas del negocio de los narcotraficantes, los desocupados, las personas con discapacidad”. Afirmó que “no son cifras, o diagnósticos, sino sus nombres” y que “esta realidad no es nueva y duele hace años”.
El arzobispo también pidió “independizarnos del individualismo, de la competencia feroz por el protagonismo, del internismo y la mezquindad política de querer llevarnos los aplausos cuando hacemos algo por los demás”. Citó al Papa León XIV para señalar que “la justicia social se reconoce por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos, y en particular a los más frágiles, vivir de manera realmente humana”.
Finalmente, llamó a un “examen de conciencia colectivo” y preguntó: “¿Estoy actuando como los que pasan de largo o estoy dispuesto a ser la posada que reciba y sane a los heridos?”. Destacó que “las heridas sociales necesitan la templanza del diálogo, la justicia social y la honestidad innegociable”.
