El economista Germán Rollandi analizó los datos del INDEC y señaló que los salarios formales acumulan siete meses de pérdida frente a la inflación, con especial impacto en el sector privado registrado.
Los salarios registraron un incremento acumulado del 8.6% durante el primer trimestre del año, pero ese avance no alcanzó para superar el impacto de la inflación. De acuerdo con el análisis del economista Germán Rollandi, marzo volvió a marcar un deterioro del poder adquisitivo, especialmente en el sector privado registrado, que acumula siete meses de pérdida frente al alza de precios.
“En marzo el sector registrado privado y público por séptimo mes consecutivo perdió contra la inflación”, sostuvo Rollandi, quien vinculó esta situación con el aumento de la morosidad y las dificultades económicas que atraviesan muchas familias.
Según explicó el economista, el empleo privado formal fue el que sufrió el mayor deterioro en los últimos meses, en un escenario atravesado por cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo. Aunque aclaró que el retroceso acumulado de los salarios privados durante la gestión de Javier Milei ronda el 4.8%, indicó que el período más complejo se concentró justamente en los últimos meses.
Aun así, Rollandi señaló que abril podría mostrar algunos signos de recuperación gracias a una flexibilización en las negociaciones salariales. “El gobierno venía forzando acuerdos paritarios en torno al horizonte de inflación que ellos preveían, que no es lo que se terminó reflejando. En abril empezaron a liberar un poco esta situación”, afirmó.
En ese sentido, mencionó acuerdos salariales en sectores como comercio, gastronomía y construcción con incrementos superiores al 5%, lo que permitiría una mejora parcial en el índice salarial del cuarto mes del año.
Aunque el salario nominal pueda registrar aumentos, Rollandi advirtió que el problema central está en el dinero que realmente queda luego de afrontar gastos esenciales. “Gran parte de esta pérdida salarial fue producto del ajuste tarifario”, explicó. Y agregó: “La gente dice: ‘sí, me aumentaron el sueldo, pero no me alcanza para llenar el changuito’ y ahí está el problema”.
El economista sostuvo que medir únicamente la evolución salarial frente al IPC puede resultar insuficiente. Según explicó, cuando se incorpora una canasta de consumo más actualizada, el deterioro del poder adquisitivo se amplía considerablemente. “La pérdida que era del 9% llega cerca del 19%”, aseguró. Además, detalló que mientras la inflación descendió, los gastos fijos subieron.
En esa línea, remarcó que los costos inevitables como alquiler, transporte, electricidad, gas y agua absorben una porción cada vez mayor de los ingresos familiares: “Lo que queda para vivir cada vez tiende a ser menos”, remarcó.
Respecto a las perspectivas inflacionarias, Rollandi descartó una desaceleración abrupta en mayo. Aunque reconoció una tendencia descendente, anticipó que el índice mensual se mantendría por encima del 2%.
Sin embargo, advirtió sobre factores de presión vinculados al precio internacional del petróleo y el conflicto entre Estados Unidos e Irán, especialmente por la situación en el estrecho de Ormuz. “El petróleo puede valer 110 dólares como puede valer 90 de un día para el otro”, indicó.
En este marco, señaló que el congelamiento temporal de combustibles dispuesto por YPF sólo posterga aumentos futuros. “Eso también puede ser un peligro, sobre todo en un año electoral”, afirmó.
Para el cierre de 2025, el economista proyectó una inflación cercana al 30 o 30.5%, muy similar a la del año anterior. Aun así, consideró que la mejora de los salarios reales será limitada.
“Muchos analistas ya descuentan que en el año el salario real puede salir empatado con la inflación o subir muy ligeramente. Nadie ve un escenario donde el salario se recupere rápidamente y esto impulse la economía”, concluyó.
