Un análisis de la coyuntura política y económica nacional, con foco en Santa Fe, donde la falta de prudencia oficialista y opositora se combina con el desafío de las reservas del Banco Central y el impacto de las privatizaciones.
Santa Fe. La política argentina transita un escenario de tensiones cruzadas. Cristina Fernández de Kirchner continúa condicionando los movimientos internos del peronismo, mientras que el oficialismo enfrenta cuestionamientos por la falta de transparencia en los gastos de Manuel Adorni y las descalificaciones presidenciales hacia periodistas. En tanto, la economía muestra señales mixtas: la inflación de abril (2,6%) alivia, pero la recaudación cae por el bajo consumo, y el Banco Central compra dólares sin lograr acumular reservas netas.
El Gobierno avanza con privatizaciones: tras vender Impsa y las represas del Comahue, gestiona la venta del 90% de Ayssa y adjudicó Citelec. Se esperan hasta US$ 2.500 millones por concesiones y privatizaciones, aunque las reservas netas siguen en terreno negativo. El exministro Hernán Lacunza advirtió que entrar a 2027 con reservas cero y tipo de cambio apreciado es un riesgo elevado, sobre todo si caen los precios de la soja o se devalúa Brasil.
Para Santa Fe, la concreción de la circunvalación de la ciudad permitiría al Belgrano Cargas escalar de dos a 12 convoyes desde el norte hasta los puertos del sur provincial, reduciendo costos y camiones en rutas. Pero el ajuste fiscal mediante recortes drásticos (la «motosierra») muestra sus límites: si la economía no crece, la recaudación cae y se profundiza el ajuste, comprometiendo la viabilidad social. La prudencia, como dique ante el azar, sigue siendo la virtud ausente en la conducción política.
