Tras recientes episodios que involucraron a jóvenes, especialistas instan a analizar el rol de los adultos como referentes en la crianza y el desarrollo emocional de las nuevas generaciones.
Los últimos acontecimientos que tuvieron como protagonistas a adolescentes en situaciones complejas han puesto en el centro del debate la crianza y la salud mental de los más jóvenes. Frente a esto, surge una pregunta inevitable: ¿qué les sucede a niños y adolescentes? Antes de buscar respuestas, es necesario que los adultos miren hacia sí mismos.
Los niños y jóvenes observan constantemente el comportamiento de los adultos, incluso cuando no parecen prestar atención. De estas observaciones extraen información clave para construir su propia visión del mundo y tomar decisiones. Por ello, es fundamental que la comunidad adulta –padres, abuelos, educadores, profesionales de la salud, vecinos y medios de comunicación– reflexione sobre sus acciones, palabras y actitudes.
Se invita a pensar en diversos aspectos de la vida cotidiana: la comunicación digital y analógica, las conductas, el autocuidado, el lenguaje utilizado, las gestualidades, la calidad de las relaciones interpersonales, el respeto a las normas, la coherencia y la relación con el entorno. Los adultos, querámoslo o no, son referentes. De ellos, los jóvenes concluyen qué es valioso y qué es superfluo.
En contraste con modelos cuestionables que promueven la confrontación, la especulación y la manipulación en medios y redes, se destaca la necesidad de ofrecer presencia, escucha activa y verdad. Los jóvenes necesitan saber dónde encontrar refugio ante la incertidumbre y la desorientación. La responsabilidad de asistirlos, orientarlos, contenerlos y amarlos recae en los adultos. La pregunta final que se plantea es: ¿qué clase de referentes están encontrando los niños y adolescentes en los adultos de hoy?
