Un relato en primera persona que describe la experiencia física y emocional de recorrer el histórico sendero de cuatro días, desde Cuzco hasta las puertas de la ciudadela sagrada.
La experiencia no comienza en el kilómetro 82, punto de partida oficial del Camino del Inca. La historia arranca al bajar del avión en Cuzco y sentir el impacto de los 3.400 metros sobre el nivel del mar. Para muchos, la altura provoca una sensación inicial de mareo. Al día siguiente, aguardan 46 kilómetros de caminata distribuidos en cuatro días por la ruta hacia Machu Picchu.
El primer día, tras un madrugón y un paso por el pueblo de Ollantaytambo, los caminantes llegan al punto de partida en el kilómetro 82. El grupo, limitado a 500 personas entre viajeros, guías y porteadores como medida de preservación del sitio Patrimonio Mundial, inicia el recorrido. La primera jornada, de doce kilómetros, permite descubrir ruinas como Llactapata y Willkarakay, antiguos poblados y puestos de vigilancia. La noche se pasa en Wayllabamba, a 3.100 msnm.
El segundo día es considerado el más exigente, con un ascenso casi constante hasta el paso más alto del recorrido: Warmi Wañusca, a 4.200 metros de altura. Tras el descenso, el campamento se establece en Chaquiqocha, a 3.950 msnm, donde el frío es intenso pero el paisaje estrellado es una recompensa.
La tercera jornada, la más larga con quince kilómetros, ofrece paisajes que mutan de estepa a selva húmeda. El camino pasa por túneles naturales, bosques y escalinatas originales incas, además de complejos arqueológicos como Sayaqmarka y Phuyupatamarca. El día finaliza en el campamento de Wiñaywayna, a un paso del objetivo final.
El relato culmina en la víspera del ‘día D’, cuando los caminantes se preparan para la entrada triunfal a Machu Picchu al amanecer, tras una travesía que combina esfuerzo físico, historia y una conexión profunda con el paisaje andino.
