Gastón Tallone fue secuestrado el 8 de julio de 2024.
La jueza federal María Servini declaró clausurada la instrucción y elevó el expediente a juicio oral contra los ocho acusados por haber secuestrado, haber cobrado el rescate y haberle dado muerte intencional a Gastón Tallone, en venganza por el robo de 340 kilos de cocaína a Los Monos en el puerto de Concepción del Uruguay. Sin embargo, Ariel Máximo ‘Guille’ Cantero no estará sentado en el banquillo de los acusados sino que declarará como testigo.
Quienes sí estarán son José Uriburu y Juan Carlos Miró, los socios de Tallone que le tendieron la trampa por orden de Los Monos; Gustavo Juliá, el nexo entre Uriburu y Cantero; Alejandro Ficcadenti, alias ‘Rengo’, fugaz jefe de la barra de Newell’s, y Sergio Di Vanni, alias «Bebé», su mano derecha; Cristian Mariano Gauna, investigado por la amenaza contra el gobernador Maximiliano Pullaro y la exministra Patricia Bullrich; Lucas Leiva, alias ‘Teletubi’, sicario de la organización rosarina; y Mauricio Zabaleta, alias ‘Harry’, hermano de Juan Zabaleta, exintendente de Hurlingham.
La oscura trama detrás del empresario que sigue desaparecido luego de pagar por su rescate
La historia del secuestro comenzó a gestarse a mitad del 2023 cuando Los Monos arrojaron papelitos en las puertas de las casas de Tallone y la de su amigo Uriburu. Tenían el mismo mensaje: «Con la mafia no se jode». Tallone y Uriburu manejaban la Terminal Portuaria Concepción del Uruguay, en la Hidrovía, pero en algún momento se pelearon. Y, en el medio, de allí desapareció el cargamento de cocaína.
Después de los papelitos, les prendieron fuego los autos. A eso les siguieron tiros. Las balas picaban cada vez más cerca. Entonces, Tallone le contó el problema a sus amigos. En paralelo, contrató los servicios de custodia de Zabaleta, con llegada al Ministerio de Seguridad, a razón de 10 mil dólares por semana.
En cambio, Uriburu habló con Juliá, famoso por aterrizar un jet con 944 kilos de cocaína en 2011 en España, para que intercediera por él. Así, levantó el teléfono: ‘la mafia’, le dijo, lo perdonaría, pero, primero debería ir a la cárcel para hablar con ‘Guille’ Cantero. En total, lo visitó 17 veces en Marcos Paz. En uno de los últimos encuentros, el líder de Los Monos lo puso a prueba.
El 8 de julio de 2024 fue el secuestro: a las 13.38 horas lo obligaron a subir a un Volkswagen Gol Trend color gris plata ante las cámaras de seguridad de Nación Servicios, una empresa del Banco Nación, ubicada en Anchorena 454, en la zona del Abasto. La propia víctima pagó 50 mil dólares para que lo liberaran, pero Los Monos lo mantuvieron cautivo una noche en un rancho, propiedad de Uriburu, en Ingeniero Maschwitz. Allí se perdió su rastro. Para siempre.
A cargo de la investigación, el fiscal federal Carlos Stornelli le tomó declaración a ‘Guille’ Cantero, aunque no como imputado sino como testigo: «Yo creo que Tallone no está vivo, pienso que puede estar enterrado en algún lado o en un tanque con algo».
«José vino muchas veces acá a verme por el tema de Tallone. Había un problema de plata. A Tallone lo secuestraron, como se vio en el video de la tele. José cuando vino, confió en mí, me contó lo que le pasaba. Por lo que me contó José, le debía como 300 mil dólares. Yo no conocí a Tallone. Cuando me habló José, él me hablaba de cacharritos y yo no entendía, después me aclaró que así se refieren a la droga». El líder de Los Monos no contó toda la verdad. Y, obvio, se mostró ajeno al crimen.
Otro miembro de la organización rosarina directamente declaró como ‘arrepentido’ sobre los últimos instantes de la víctima. Eso, la existencia de un revólver cromado, un arma de fuego de fabricación casera, las palas halladas en el rancho y el paso del tiempo fueron suficiente para la jueza Servini para dar por muerto a la víctima del secuestro. De hecho, su hijo inició un proceso en el fuero civil para declarar la ausencia de su padre con presunción de fallecimiento.
Ahora, solo falta que Comodoro Py sortee el tribunal donde quedará radicado el expediente para que las partes puedan realizar el ofrecimiento de la prueba y, entonces sí, que aquel fije fecha de juicio. En el debate, tal vez, se atenúe la situación procesal de Zabaleta, se agrave la de Cantero y alguien, quizás, en un arrebato de humanidad, diga, por fin, qué hicieron con los restos.